Editorial Excursiones

“Paulo Leminski y los zigzagueos estéticos de un pez koi”, reseña de Emilio Jurado Naón publicada en la Revista Ñ del 1° de diciembre de 2018

Es difícil citar a Paulo Leminski. Sus textos son como una sucesión de epigramas ajenos; elocuentes y en tensión uno con otro. “Quería dejar mi proceso de pensamiento, mi máquina de pensar, la máquina que procesa mi pensamiento, mi pensar transformado en máquinas objetivas, fuera de mí, sobreviviéndome”, anota acerca de su pulsión que finalmente decantaría en una máquina posible: “un texto pensante”.

¿Cuál sería ese texto? Podría ser Catatau, aquel flujo de conciencia enunciado por un Descartes en el trópico que, con un telescopio en una mano y una pipa de marihuana en la otra, deja que las impresiones exuberantes del Brasil en trance de colonización choquen y se saquen chispas contra el imaginario racionalista.

Podría tratarse del paseo reflexivo y poético de Metamorfose, en el que Leminski elabora una estética desde la reescritura permanente de Ovidio. O tal vez se refiera a los haiku humorísticos de este cinturón negro en judo y autoproclamado “kami-casi”, o a sus primeros textos concretistas que lo acercaron a Augusto y Haroldo de Campos cuando era adolescente y que le merecieron el apodo de “Rimbaud curitibano”. Diversas facetas del “pensar transformado en máquina” de Leminski pueden leerse, fluctuante y a veces contradictorio, en cada uno de sus poemas, pero los textos que reúne Un signo incompleto (de selección, prólogo y traducción de Iván García) aportan una cuota más específica a esta máquina polifacética: la inclinación por el ensayo, el análisis crítico de la literatura, la reflexión sobre el contexto social e histórico del trabajo con el lenguaje y la siempre histriónica defensa libertaria de la poesía.

El collage de géneros y registros que propone Un signo incompleto, con artículos, notas, conferencias, cartas y ensayos, escenifica el baile dialéctico entre dos preocupaciones principales de Leminski: la función social de la poesía y la poesía como lo más puramente gratuito de nuestra cultura. “Quien pretende que la poesía sirva para algo no ama la poesía. Ama otra cosa” y “el poeta tiene el deber social de concentrarse, depurar, pensar, medir, calcular efectos… ese es su oficio” son dos de los enunciados aparentemente opuestos que se pueden leer en esta selección. Pero Leminski exprime las paradojas, y del jugo que sale se alimenta su estética; en el ápice de su zigzagueo conceptual, la consigna es no quedarse quieto (Leminski es un pez koi que se resbala entre los dedos).

Ante las oposiciones conceptuales, la idea de “inutensilio” coquetea una síntesis: la función social de la poesía sería carecer de función, o bien oponerse a los discursos que pretenden racionalizar la vida. “La única razón de ser de la poesía es ser un antidiscurso. Un modo de decir como no se dice. Poesía, en cierto sentido, es lo chueco del discurso. El discurso chueco”.

Pero para saberse chueco antes hay que identificar a quien anda derecho. Es así que lo más potente de Un singo incompleto resulta en el análisis de situación que Leminski realiza con cada paso y a contrapunto de su escritura; como lo pone de manifiesto, por caso, la lectura fina que hace de la historia literaria inmediata en “El Boom de la poesía fácil”, donde repasa la poesía alternativa de los 70 y concluye que “la improvisación, lo fácil y lo descuidado”, frente al discurso totalitario de la dictadura y a la autocensura de la poesía comprometida de aquella época, “ya desempeñaron, quizá, su papel histórico”.

Pasajes como este, o como las cartas a Régis Bonvicino, en donde le escribe sobre la imperiosa necesidad de deshacerse de la valorable pero institucionalizada poesía concreta, destacan el alto grado de autoconciencia acerca del lugar que Leminski ocupaba (o quería ocupar) en la serie histórica literaria, y demuestran que la libertad de la poesía se alcanza solo mediante la pregunta constante sobre qué significa escribir acá y ahora.

Un signo incompleto, Paulo Leminski. Trad. Iván García. Editorial Excursiones, 130 págs.

Fuente: Revista Ñ.

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Esta entrada fue publicada el 21/12/2018 por en Prensa.
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