Editorial Excursiones

“Nápoles está toda celeste” es la segunda crónica de Gallardo que publicó el blog futbolero Lástima a nadie, maestro, el 30 de agosto de 2018

Por Sara Gallardo

Nápoles está toda celeste. El celeste de Belgrano, de French y de Beruti, para precisar. El de Maradona, para ser justos. El nuestro, para ser exactos. La fiesta será impresionante y el secreto de los barrios ha estallado por las comisuras de todas las bocas más selladas.

El celeste que decoraba los bassi, los bajos famosos, donde solo se puede dormir o fabricar niños –el resto de la vida es en las calles–, ha pasado a las paredes; donde no alcanza la pintura, suplen las banderas y los estandartes.

Forcella está envuelta toda entera en una nube celeste, millares de globos en forma de corazón techan los “vicolos”, las callejuelas, de la catedral a los tribunales.

Hoy a la noche habrá un banquete de especialidades napolitanas en un ámbito que ocupa las cuadras que van desde via del Duomo a via Coletta; los del barrio han pagado unos 45 dólares por cabeza para contribuir.

Los carros del desfile fueron secreto por pocos días. Los prepara en el viejo cuartel borbónico vecino a la plaza de armas de Ñola el renombrado Giuseppe Tudisco, artesano de antiquísima tradición.

Con los hijos Salvatore, Gaetano y Raffaele han ideado cinco alegorías, cuatro encargadas por clubes deportivos, la quinta, “donada por mí, como agradecimiento de un hincha que ha esperado este acontecimiento la vida entera”.

El primer carro ya está listo: está el rey Maradona en el centro, y alrededor los futbolistas extranjeros Boniek, Rummenigge, Platini, Briegel, Hateley, que le rinden homenaje.

El segundo es un enorme Vesubio que expulsará en bocanadas de fuego a los otros “scudettos”, arrasados por el triunfo del Napoli.

El tercero es el carro de la primavera, con tres paneles que anuncian el feliz evento y una gran mariposa que lleva consigo a los santísimos Allodi y Ferraino.

Cuarta es la carroza del scudetto, de cuyas ventanas asoman los jugadores del Napoli.

Po r fin, un caballo de Troya todo azul ,de cuya panza saldrán niños vestidos como futbolistas.

Algunos subacuáticos del centro Sant Erasmo se sumergieron ayer temprano en las aguas de Massalubrense para poner una bandera con el scudetto a 40 metros de profundidad ante la Madonna de la Gruta de Vervece, sobre una alfombra de flora submarina.

Las cien Rosalinde Sprint de los barrios españoles, o sea los femminielli, o travestidos de tradición añosa, bajarán por la calle Toledo todos de azul y de lentejuelas, desparramando sex appeal.

Tal vez la exaltación mayor puede palparse en el célebre barrio de la Sanitá,  de donde salieran Totó y tantos talentosos alumnos de Doña Miseria.

En el gran bazar pintado de celeste de via Vergini, Salvatore Scognamillo,  alias “Poppella d’pagnutielle”, produce adornos celestes y blancos. En frente, un negocio de garrafas de gas se llama Las Garrafas de Maradona.

Hasta los canastos de fruta están pintados de celeste. “Esto no es nada– dicen los chicos–, la gran sorpresa del domingo será una torta alta de 6 metros en medio de la plaza de la Sanitá, con todos los jugadores del Napoli como decoración”.

La nación, 10 de mayo de 1987

Sara Gallardo

Crónicas publicadas en el libro Los oficios, de Sara Gallardo (Editorial Excursiones).

Fuente: Lástima a nadie, maestro.

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Esta entrada fue publicada el 06/09/2018 por en Prensa.
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