Editorial Excursiones

“El arte de limpiar piletas solo”. Reseña de Pablo Natale sobre Piletas, de Félix Bruzzone. La Voz del Interior, 12 de noviembre de 2017.

Estos últimos años las profesiones y los oficios han sido protagonistas del mundo editorial-audiovisual: está el profesor Stoner, el leñador de Wilson, el ingeniero del cementerio perfecto de Falco, los cuentos oficiosos de Lucía Berlín, la serie cordobesa La chica que limpia, etcétera. En Piletas, de Félix Bruzzone, el oficio protagonista es el de piletero, aunque el formato no es la narrativa clásica o la serie adictiva, sino un diario de facebook que el autor (también piletero) fue escribiendo durante años.

En una edición de anotaciones breves que van desde septiembre de 2013 a septiembre de 2016, Bruzzone describe las piletas que tiene a su cargo, la vida solitaria del limpiador de piletas, el regateo de los dueños, la enemistad latente con los jardineros, los cambios en la microeconomía del oficio, los animalejos que lo rodean (sapos, mosquitos, caniches), el agua, la flora, la fauna y los ciudadanos que nadan en aguas privadas.

Yendo con su camioneta y sus herramientas de una pileta a la otra, Bruzzone recurre a un conjunto de recursos estilísticos para darle color a cada anotación: la ironía para con sus clientes; un humor cómplice para con el lector sin pileta; la aparición recurrente de personajes secundarios (el cliente novelista, la chica Waldorf, la rubia sirena, la regaladora de salamines); el soliloquio con forma de epístola; las charlas imaginarias con animales pileteros.

Con un tono atípico, menos cercano a la confesión clásica que a un anecdotario en redes sociales, los diarios de Bruzzone son un chapuzón en las aristas solitarias de un oficio poco conocido y, a la vez, una bitácora satírica de los cambios de humor de una clase social y del cloro de una época: entre el principio y el final de estos diarios hay varios aumentos de precios no reconocidos, anuncios de viaje, llamados desesperados y barrios cerrados.

En uno de sus mejores cuentos, el escritor norteamericano John Cheever relata como un tipo, en medio de una fiesta, decide volver a su casa nadando las piletas de todos sus adinerados vecinos, como si eso fuese un camino, su ruta personal. Ocurre que, mientras el tipo parece hacer su trayecto en un día, el mundo exterior avanza por estaciones, como si el protagonista estuviese enajenado, ahogado de la realidad.

Este personaje de Cheever no aparece en Piletas ni, obviamente, viceversa. Lo que sí aparece en ambos textos es el paso del tiempo: verano, otoño, decadencia, locura (en el relato de Cheever); una pileta inicial con forma de P hecha por un constructor peronista, una pileta final con forma de M contemplada por un adinerado feliz, exultante, en la parte honda (o baja) de un libro con forma de pileta.

Fuente: Revista Número cero, La Voz del Interior.

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Esta entrada fue publicada el 01/12/2017 por en Prensa.
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