Editorial Excursiones

“Reseña #293- Impresiones para un otro”, reseña de Impresiones, de Ezequiel Alemian, publicada en Solo tempestad el 3 de noviembre de 2016.

Por Ruben Risso

Un par de ideas caídas de la palmera

Es raro reseñar un libro de reseñas; aún más raro un libro de reseñas de un reseñista profesional. ¿Y lo peor? La inexperiencia de uno, los pasitos débiles y criticables que comienza a dar en este ámbito.

Es fácil situarse en uno u otro polo de la crítica, lo complicado es recordar, luego de cada paso que damos, para qué lo damos.

La última idea que se me cae de la palmera –es una palmera plagada de ellas, pero tengo que elegirlas de a una- es: ¿Cuál es el lugar del reseñista o crítico o… lectoravezadoquecompartesuhumildeopinión?

Creo que nuestro lugar, ya sea desde lo profesional o amateur, no es otro sino el de acercar a la plebe, al vulgo y al populacho al libro. Trazar caminos que no lleven a ningún lugar daría cuenta de una suerte de mala praxis literaria. Ezequiel Alemian me enseñó muchas cosas, entre ellas, una fórmula para la reseña perfecta:

Reseña = Respuesta a la pregunta “¿Por qué debe usted leer este libro?”

Reseñas

Las reseñas de Alemian son variadas, tanto en su tenor como en lo relativo al trabajo sobre el texto. Quiero clasificarlas en tres tipos: Las floridas, las sugerentes y las clásicas.

El tipo de reseña que, a mi humilde parecer, entra en la categoría de florida es aquella que no se limita al contenido del libro, sino que abre puertas a otros universos literarios. Ya desde un principio Alemián traza caminos ramificados alrededor de “Sobre Gianuzzi”, de Sergio Chejfec. Este es un mero ejemplo, claro. La verdad es que, en casos como este, el autor nos regala un plus; ya no se tratara meramente del libro de Chejfec, porque lo que parece ser una reseña simple y corriente nos sorprende con una interesante reflexión sobre el arte de escribir contratapas, puntualiza la charla con otros autores (libros de Ferreyra, Aira, Chitarroni, Pauls) y finaliza con un poco de información sobre Zelarayán y el uso del lenguaje coloquial en la literatura. Lo cierto es que no sé, para esta altura, siquiera, quién es Giannuzzi, pero tengo la seguridad de necesitar este libro en mi biblioteca.

El tipo sugerente es más de mi agrado, aunque me deje con un sabor extraño en la boca. Su representante es “Control o no control”, de Fernanda Laguna, un libro de poesía tan simpático que, creo, despertó la cara más presta del reseñista.

Dice Alemian:

Estilísticamente, Fernanda Laguna escribe poemas como si la poesía no hubiese existido jamás.”

“Escribe como si se pudiese escribir desde cero, sin lastre; como si al escribir, ella misma estuviese creando la poesía”

“(…) la poesía de Laguna podría ser el mejor ejemplo de la no correspondencia entre la voz y el poeta.”

“(…) es inaprensible para la viejas categorías de la crítica. (…) Eso no la hace mejor ni peor poeta, pero precisamente porque su falta de ubicuidad es un cuestionamiento radical a cualquier idea de lo que signifique ser un buen o mal escritor.”

¿Por qué me parece sugerente este tipo de crítica? Bueno, porque no sé si todo esto queda en la superficie de los lares de la producción poética o se trata de un intento de desandar sus estructuras preestablecidas de la apreciación. Mientras leía esta crítica, me daban unas ganas tremendas de leer a Laguna. No voy a mentir, tuve que hacer a un lado el libro y googlearla. Quería saber a qué se refería el autor, cómo es que uno reinventa la poesía si no es cometiendo los mismos errores que sus míticos creadores. El resultado sorprende.

En ese punto es donde radica, a mi parecer, la sugerencia de la reseña. Podemos leer “Laguna escribe como se le cantan las tarlipes” y, si leemos entre líneas, “Laguna sabe escribir pero no va a darnos el gusto de escribir como los críticos quisieran que escribiera”.

Los poemas de Laguna me gustaron. Sé poco y nada sobre poesía, así que dejo ese campo para quien esté un poco más formado o habituado a consumirla. Lo cierto es que me divertí divagando sobre este punto. A partir de las palabras de Alemián, que Laguna va a crear discordia entre reseñistas de nariz parada.

El último tipo de reseña es de aquellas que nos invitan al libro y nos tienden una alfombra roja hacia sus puertas. “El náufrago”, de Cesar Aira; “Te desafío a correr como un idiota por el jardín”, de Sergio Bizzio; “Modo linterna”, de Sergio Chejfec, son ejemplos de este tipo de reseñas clásicas, aquellas que nos introducen a la lectura. Tanto será así, que tuve la ocurrencia de leer esos libros antes de escribir estas palabras.

Sin ánimos de ser repetitivo, creo que el trabajo del reseñista es ese: Acercar al lector al libro; tenderle un puente al eterno navegante de góndolas hacia títulos que lo hagan despegarse del mapa. Si inundamos la reseña con nuestros egos o clichés, es posible que nos abandonen. Alemian sabe muy bien todo esto y es por eso que da un paso más. Nos vuelve a repetir, sin decirlo, que la reseña está al servicio del libro, nada más.

Perfiles

No limitándose al trabajo de reseña, Alemian es un hábil constructor de perfiles. Disfrute mucho de leerlos.

El primero del que quiero hablar es el de Charles Bukowski. Lo poco que leí del autor me aburrió, para ser sincero, y fallo en encontrar la estética y el atractivo en sus palabras. El perfil que arma Alemián me invita a conocer un poco más a fondo el porqué de los versos de un autor que era una contradicción con patas. Aprendí que, mientras detractor del consumismo, Bukowski apilaba billetes y los gastaba en quién sabe qué. Según Alemian, se trataba del punk de la literatura. Pero lo define muy bien en el último párrafo, una frase que me hizo comprender en dónde está el atractivo del autor (y aunque sigo sin interés en leerlo, al menos ahora comprendo por qué tanto jaleo):

“Bukowski parece ser algo de lo que hay que desprenderse para acceder a otra cosa mejor. Es como el escritor que todos leíamos cuando no sabíamos lo que era “la literatura”.

Otro perfil que ayudó a barrerme algo de ignorancia del cuerpo fue el de Witold Grombowicz. Aunque un poco corto (dos carillas y un tercio), es diestro en pintar el cuadro del autor con detalle y ese plus de información que lo hace a la vez interesante y pintoresco. Debo decir, claro, que para el final el autor me dejó expectante con un “su historia es archi conocida”. Hubiese disfrutado de un poco más en detalle. Con eso me refiero a hablarle al populacho, a la plebe.

De todos modos, sería injusto quejarme. El trabajo de Alemian está muy bien direccionado, y no lo digo porque pueda tener una visión metaliteraria del mismo, sino porque me atrapó con sus palabras y me hizo aprender un par de cosas. En un libro de ensayo, esto es clave. Nos lleva dela mano, demuestra en cada línea el recorrido investigativo que ha realizado y no escatima en proporcionar detalles pequeños y funny facts.

Entrevistas y recorridos

Para finalizar el tomo, hay tres entrevistas (a Symms, Gusmán y Rejtman). Son eso, entrevistas. Los recorridos son algunos pequeños ensayos sobre algunos temas literarios contemporáneos y/o modernos. Me divertí especialmente con “Los malditos en la literatura”, un ensayito con tono agrio e irónico hacia la “literatura correcta y progresista”. Lo recomiendo mucho, no solo por las risas, sino porque recopilé un par de nombres de autores que parecen ser “políticamente incorrectos”, algo que me fascina.

Colofón

La parte más pintoresca del libro de Ezequiel Alemian es su presteza para hablarle al lector común. Muchas veces nos cuesta salir de nuestro ego y nuestros conocimientos al momento de tender el puente entre el que repta entre las góndolas y la obra. Frente a “Impresiones” me siento más lector que reseñista. Pero, si otro fuera el caso, si hubiese leído y releído todo lo que Alemian cita y refiere entre sus párrafos, quizás no estaría escribiendo estas palabras. Una reseña humilde atrae más interesados que un discurso unidireccional y pseudo-académico.

La cosa es que encarno al vulgo, que se acercaría a un libro semejante en búsqueda de una guía para orientar su lectura o descubrir autores nuevos (y no tan nuevos). Muchas veces, durante la lectura, me sentí invitado a conocer estas historias nuevas. Por eso lo hice; y será sabio el autor en este punto, en no cerrarnos la puerta de entrada… Porque nos podemos valer de cualquier herramienta para hacer de la crítica un arte, pero jamás dejar al lector afuera.

No me canso de repetirlo: La reseña está al servicio del libro y del posible lector. Nada más.

Impresiones (2014)

Autor: Ezequiel Alemián

Editorial: Excursiones

Género: ensayo

Fuente: Solo tempestad.

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Información

Esta entrada fue publicada el 14/11/2016 por en Prensa.
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