Editorial Excursiones

“Un libro quemado de Alfonsina Storni”, por Lucila Carzoglio para revista Otra Parte, 15-01-2015

La foto de la solapa es un augurio. La cabellera, la pose, el gesto de Alfonsina resquebrajan su perfil típico, repetido hasta que se hizo mar y canción. En el claroscuro, su mano y sus labios aparecen iluminados, mientras sus ojos se mantienen en la penumbra. Sin embargo, esa mirada oculta en el retrato brilla, a medida que la lectura avanza, hasta ser antorcha.

La compilación Un libro quemado revela una perspectiva poco conocida de la poeta, pero sobre todo da cuenta de una lucidez incendiaria que no pierde actualidad. Como reedición ampliada y modificada de Nosotras… y la piel(Alfaguara, 1998), esta selección de artículos que Storni escribió entre 1919 y 1921 para las secciones “Feminidades” y “Vida femenina” de la revista La Nota y para “Bocetos femeninos” del diario La Nación (algunos inéditos hasta ahora) no sólo quema el mito romántico que envolvió la figura de la autora sino que también alumbra los estereotipos en torno a “la mujer” para desmontar una identidad de género normativa que domestica, emperifolla, inutiliza. Además, organizados en capítulos temáticos, los textos modelan feminismo, pinchan la imaginería de la masculinidad y desvisten rituales, arquetipos e instituciones sociales. En “¿Quién es el enemigo del divorcio?” o “A propósito de las incapacidades de la mujer”, el matrimonio se describe como un contrato, la familia como una fórmula y el anhelo del casamiento, como una salida económica. Así, lo que Alfonsina termina mostrando es el disfraz cultural que hace de la apariencia y la desigualdad, verdad y naturaleza.

Paradójicamente, el disimulo es la estrategia y la treta. Sus crónicas, firmadas con nombre propio o con su seudónimo Tao Lao, se subordinan al formato “columna femenina” que, como ha señalado Tania Diz, funciona como un dispositivo de control de los cuerpos y manual de conductas, pero la escritora se enmascara y hace uso de esta corpor(e)alidad para desviar, a través de la ironía o la parodia, el contenido ideológico subyacente. La actitud empática y pedagógica, con abundante uso de diminutivos y lenguaje coloquial, adquiere potencia crítica ya que el tono levemente exagerado (y exasperado) del verosímil plantea el vacío legal de los axiomas pronunciados sobre el “bello sexo”. Storni asume un rol mostrando su artificialidad, pero en este giro delata la imposición de toda representación social. Su denuncia, de todos modos, no se limita a lo formal. Arremete contra las convenciones que relegan a la mujer a la dependencia y el sometimiento. Preocupada por la mujer del futuro, aboga por el divorcio, la modificación del Código Civil y el voto femenino, entre otras cuestiones, aunque se dedica en especial a las jóvenes que copian moda, posturas, opiniones y aspiraciones, olvidando la propia subjetividad y los propios deseos.

Para ella, el cambio debe darse desde las mismas mujeres, dado que son las primeras en reproducir el orden androcéntrico. Consciente de su público lector, Alfonsina no encuentra entonces mejor lugar en el mundo.

 

Leer nota original, ACÁ.

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Esta entrada fue publicada el 23/01/2015 por en Prensa.
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