Editorial Excursiones

“Filosofía aquí”, por Damián Tabarovsky / diario Perfil / 23-12-12

No estoy totalmente seguro pero estoy casi convencido de que Diego Tatián, en Lo impropio, recientemente publicado por la también reciente editorial Excursiones, no escribe nunca expresiones como “filosofía argentina”, “filosofía en Argentina”, ni mucho menos “pensamiento nacional”. Tampoco se detiene demasiado en autores clave en esa tradición como Martínez Estrada, Oscar Masotta, Ramos Mejía o Mariano Moreno (la dificultad que tuve para elegir estos cuatro nombres reenvía directamente a la pregunta por la existencia misma de un pensamiento argentino). Y sin embargo, discretamente, tomando en cuenta toda clase de precauciones, de distancias y de sospecha en mí mismo, podría afirmar que Lo impropio es un gran libro de pensamiento argentino. La contratapa del volumen, quizás por la ley del género (la contratapa vive bajo la ilusión de que el lector corra hacia la caja de la librería) presenta a Tatián, ya desde la primera línea, como “filósofo cordobés”. No me parece mal: es probable que el pensamiento cordobés tenga más entidad, más alcurnia, menos dudas de su existir, que el propio pensamiento argentino –del cual vendría a formar parte– alcanzado siempre por la tensión irresuelta y dramática entre esos dos términos (pensamiento, argentino). Tal vez entonces sea injusto postular a Lo impropio como un libro crucial en esa tradición. Pero a riesgo de ser injusto, no puedo dejar de ubicar al texto de Tatián en el corazón de esa encrucijada. Porque si algo vuelve argentina a la prosa filosófica de Tatián –del mismo modo que a la más radical literatura argentina– o mejor dicho, si algo hace que Tatián se inserte en una cierta tradición argentina (remárquese las palabras “una cierta”) es una evidente libertad, una capacidad para pensar desde la excentricidad, una pasmosa erudición, y una mirada que cuestiona sin cesar la dicotomía entre margen y centro, entre periferia y eje medular. La de Tatián es una escritura de la rareza, de la comunidad inoperante, del desvío permanente, de la digresión como método.

Los diez ensayos que integran el libro se ordenan como pequeñas piezas que giran en torno a problemas o temas filosóficos (la igualdad, la revolución y la paz, el fin de la cultura, etc.). Tatián desarrolla en cada una un nudo, un tópico a veces explícito, a veces tácito (como cuando piensa “la igualdad de los sin comunidad”, sin necesidad de mencionar lo que hay detrás: Bataille, Nancy, Agamben) en el que ata la reflexión sobre textos de circulación contemporánea (Rancière, la Hannah Arendt de Verdad y Política, etc.) con nuestro momento histórico (como cuando revisita el discurso de Massera en el Juicio a las Juntas) pero evitando siempre poner allí la teoría, y acá su ejemplo; allá el pensamiento y aquí su caso de estudio; sino imbricando la reflexión teórica y el horizonte histórico. En un diálogo donde se perciben las bibliotecas de Oscar del Barco, Horacio González y hasta la reflexión sobre el vitalismo de María Pía López, Lo impropio se convierte en un texto nodal de nuestro tiempo, precisamente por la forma en que desarma la idea convencional de que a la teoría se la piensa allá pero se la aplica acá (Foucault serviría para pensar la ESMA, Bauman para entender el 2001, y las monografías de estudiantes de Essex para defender a Chávez). Es impactante la naturalidad con la que Tatián entra y sale de eso que allá se ha dado en llamar “pensamiento universal”, y también con la que entra y sale de aquello que acá se ha dado en llamar “contexto de llegada”. Tatián filosofa bajo el modo del ensayo argentino, y esa notable tradición es su contraseña secreta.

 

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Esta entrada fue publicada el 27/12/2012 por en Prensa.
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