
Un banquito, un medallón, un libro muy ajado, un embudo, un reloj, la estampita de un santo. Una manta. Un rosario. Una reproducción de un Van Gogh con colores opinables. Un collar de caracoles.
Las cosas están ahí, viven con nosotros. Calladas, sumisas, invisibles. Nos escoltan obedientes en nuestros días y apenas las notamos, apenas recordamos su presencia. Sabemos y no sabemos que nos rodean, que nos acompañan. Las llevamos tan cerca, tan adheridas a la piel de nuestras experiencias cotidianas que olvidamos que no son nosotros, que no somos sin ellas.
¿Por qué deberíamos pensar en las cosas? ¿Por qué no dejarlas en su universo material, inerte y pesado? ¿Por qué preguntarnos por ellas?
Las cosas están ahí mientras sufrimos y amamos, mientras gozamos y dudamos. Sucedemos en conjunto, pasan con nosotros y algo de lo que somos se les va pegando, parte de nuestra identidad descansa en ellas. Si las interrogamos, si las miramos con atención pueden leerse como un mapa, como una narrativa de lo que somos, de nuestra vida y nuestras relaciones con otros.
A lo largo de este libro, Cecilia Simeoni arriesga una teoría general de las cosas. Para ello construye un texto singular en el que las ideas de autores como Hannah Arendt, Paul Preciado, Walter Benjamin, Gastón Bachelard, Susan Sontag y Roland Barthes dialogan con experiencias personales, libros clásicos de literatura, películas y letras de canciones.
El resultado es un ensayo exquisito que sorprende por su lucidez y su sensibilidad.