Editorial Excursiones

“Instrucciones para cruzar un río por las piedras” en Eterna Cadencia por Silvia Gurfein 30/03/2021

La heterogeneidad en la que se manifiestan mis inquietudes e intereses artísticos, incluso agrupados en un sólo tema, hace necesaria una organización de lectura que intentaré en esta introducción que es, a su vez, un modo de uso del índice o tabla que se despliega a continuación.

Aunque todo el libro desarrolla un mismo tema (cielo), ese motivo tendrá diferentes modos de aparecer en mi trabajo. Para seguir estas apariciones les dejo un hilo de Ariadna: las agrupaciones en secciones serán identificadas con el número de página que hallarán en este índice y a su vez, al ir a la pá- gina correspondiente, encontrarán el título en la parte superior de la hoja, que se corresponde con los de esta tabla. Esta tabla funciona como pequeño texto guía de cada una de estas agrupaciones de familias de trabajos. Verán algunas obras, bocetos, apuntes, archivos y misceláneas varias.

Observar el cielo ha sido para mí un modo de pensar y habitar la tierra, como si comprender lo que se ve y ocurre en el espacio (el movimiento perpetuo de las nubes y la belleza de sus formas, las rotaciones de los planetas o los estallidos de las estrellas) fuera el lenguaje, el vocabulario para escribir y aprender la forma de vivir en este mundo. Cuando digo cielo, pienso en su acepción más terrenal, científica, meteorológica e incluso mitológica, pero no en términos religiosos. Cielo (del latín caelum; de caelum tangi: ser –tocado– herido por el rayo) se define a menudo como el espacio en el que se mueven los astros y por efecto visual parece rodear la Tierra.

2- Iris y cielo. Relaciones, equivalencias, semejanzas asimétricas. Ver a través del lienzo, perder las instrucciones.

La diosa griega Iris, hija de Taumante y la oceánide Electra, era la mensajera entre el cielo y la Tierra, que descendía del Olimpo agitando sus alas multicolores. Para hablar del cielo hablo del iris y viceversa. Desde que tengo memoria miro atentamente el cielo. De modo directo y también a través de toda la tecnología disponible. Miro el cielo pero también miro el ojo que lo ve. Cuando cotejo ambas imágenes observo que son similares. Parece verificarse la desfigurada simetría entre aquí y allá. Un iris es un pequeño universo, único en cada humano, una huella de identidad con las características del imaginario espacial.

En esta sección podemos ver algunas manifestaciones de este vínculo. Dibujos y sudarios de mi propio iris y también el recuerdo del de mi papá, algo nebuloso, cruzado con la memoria de sus ojos al momento de su muerte. Llamo sudarios a las pinturas que realizo sobre lienzo sin imprimar y que, por su condición, permiten el traspaso del óleo, quedando entonces registro de ambos lados de la tela. Un sudario es una mortaja, un lienzo que recoge el rastro de un cuerpo ausente. Son imágenes que están en la frontera entre la aparición y la desaparición.

3- Astillas, estrellas. Colisión, estallido. El trabajo con los restos, la parte que queda del todo. Si hay explosión, hay fusión. Arrastrar el sentido de un lugar a otro.

Estallar tiene el mismo origen etimológico que astillar. Una astilla es un fragmento del estallido. Big bang. Una estrella que estalla. Las estrellas, esos objetos galácticos destinados a desaparecer, están en el cielo y en la tierra. Examino lo pequeño buscando el ADN de mi pintura, de tal forma que, extraído de una totalidad, pueda ser incluido en otra manteniendo, arrastrando su identidad. Hago visible los objetos de estudio que, por su pequeñez, están fuera del campo visual habitual. Trabajo con los restos, con la materia acumulada y desechada al finalizar el día en mi taller. Colisiones que guardan el ADN conceptual y la estratigrafía material de mis obras.

Cada cierto tiempo la evolución necesita una catástrofe para reestructurar las cosas. Esta es mi catástrofe y mi celebración.

4- Los ojos necesarios. Ojo umbral. El ojo frontera (huella de identidad). El ojo indiferenciado.

Entiendo la pintura como práctica, como experiencia sensible y como objeto de pensamiento. En esta sección se reproducen algunas de las muchas monocopias que he hecho. Monocopias que presentan el motivo de un iris. Cada una es una versión de un iris inventado que se corresponde con mi pintura y la espeja de alguna manera. Variantes de todos los iris en su inevitable diferencia, en su condición de huella de identidad. Cada obra lleva una pregunta, una hipótesis o una poética sobre cómo se posiciona el ojo para encuadrar la mirada, para hacer foco o para perderse. Es un parpadeo intermitente de ideas, imágenes, sensaciones y preguntas.

5- Visiones veladas. Teoría de la pintura a ciegas. La obra está en el contacto y siempre queda oculta a la vista. El ojo que yace, ópalo noble. “El ojo por
el que veo a Dios es el mismo ojo por el que Dios me ve” (Angelus Silesius).

Habitualmente ubico, casi en secreto, un ojo en la zona ciega de mi pintura (¿miramos la pintura o ella nos mira?). Palimpsesto y pentimento, es decir, escritura sobre escritura, la pintura oculta las capas temporales pero también las deja a la vista con el tiempo. Esos ojos ocultos irán apareciendo desde atrás hacia la superficie pictórica. Pintar es siempre pintar el comienzo del mundo. Es siempre pasar en algún momento por la catástrofe y la hoguera. Cuando una obra conserva vivo el acto que la origina, perpetuamente está naciendo. Gramática de la visión. Deslocalización ¿Será el cielo el gran ojo?

LINK A LA NOTA

https://www.eternacadencia.com.ar/blog/ficcion/item/instrucciones-para-cruzar-un-ri-o-por-las-piedras.html

Información

Esta entrada fue publicada el 11/04/2022 por en Prensa.
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