Editorial Excursiones

“Nomadismos, afectos y disidencias”, reseña de Mario Nosotti sobre Glosa continua publicada en Revista Ñ el 1° de junio de 2018

Recobrar el mundo por otra ventana, tal la consigna de Henri Michaux que Mercedes Roffé hace suya en esta especie de diario intelectual donde en un tono mesurado, un estilo sutil, la autora de La ópera fantasma da rienda suelta a sus expectativas, sus búsquedas y obsesiones, que no son distinguibles de las resonancias que vienen a su encuentro.

Glosar significa insertar una nota al margen de un texto considerado “maestro”, solo que en este caso las fuentes del deseo y la tensión son múltiples, variadas, de modo que lo que queda son estas apostillas que mezclan microensayo y diario de escritor. Como dice la autora en el prólogo, a menudo se hará difícil “delinear tajantemente dónde termina la reflexión estética y dónde comienza la experiencia personal, formativa o traumática”. Ese pespunte sutil, ese bordado, nos lleva de la mano (a veces de las narices) a seguir los “movimientos del pensar” de esta poeta, que lleva publicados más de diez libros y que desde hace veinte años vive en Nueva York (dato este último no decorativo ya que afecta perspectivas, intereses y miradas).

Junto al diálogo con la vena ensayística de autores como Giorgio Agamben, Nuria Amat, Marthe Robert, François Jullien, Ernst Jünger, Wittgenstein o Cioran, cada tanto aparecen incrustaciones propias de un diario íntimo: “Durante mucho tiempo pensé que la única estética para mí posible nacía en la noche” o “Una vez soñé Nueva York. No sé dónde estaba. Pero ya vivía aquí”. Pero estas irrupciones –aunque más no sea por efecto de su disposición en la página– muy pronto se religan a lo que se venía argumentando, como si se quisiera demostrar que cuando alguien piensa, cuando se dedica a escribir, haga lo que haga –caminar por un parque, asistir a una muestra en el MOMA, encontrar a un amigo o esperar a que cambie la luz del semáforo– está escribiendo.

La forma intermitente, que rompe la continuidad argumentativa que cabría esperar en un ensayo de largo aliento, es la forma ideal para ese nomadismo (que incluye lenguas, estéticas y disciplinas diversas) propio de la poesía de la autora. A través de algunas reflexiones sobre vanguardia y tradición, políticas culturales o disidencias, Roffé logra sondear un estado de cosas que interpela al lector más allá de las cuestiones literarias: “Se trata de crear un espacio para una vibración”.

De algún modo, se trate de música, de fotografía o de pintura, todos los caminos parten o desembocan en la poesía, en lo que la poesía irradia y significa; la visión del poeta y su relación con la experiencia y la representación, el tiempo y la disposición que requiere la poesía, el ahogo por sobreabundancia de estímulos y “bienes” culturales, los rituales a la hora de escribir, poemas escritos y poemas recibidos, hasta preguntas que solo pueden ser respondidas desde lo provisorio y singular: qué es la poesía, cómo funciona el lenguaje, por qué se escribe.

Todo artista, a medida que construye su obra, va dibujando una constelación con los nombres a través de los cuales se descubre, hasta llegar a convertirse quizás, en algún caso, en otro vector más de esa figura: Denise Levertov, John Ashbery, Elizabeth Bishop, Charles Simic, José Asunción Silva, Estanislao del Campo, Isaac Luria, los místicos o Patti Smith, son interlocutores que acompañan a Roffé en esta errancia apenas controlada, a veces caprichosa, por momentos polémica, pero siempre afectada del cuidado que conlleva adentrarse en aquello que se ama.

Glosa continua, Mercedes Roffé. Excursiones, 96 págs.

Fuente: Revista Ñ.

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Esta entrada fue publicada el 03/07/2018 por en Prensa.
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