Editorial Excursiones

“Sin profesores de violín en Chivilcoy”. Reseña de Kit Maude sobre Notas de campo para Revista Ñ. 8 de abril de 2017.

Dependiendo del punto de vista, estas Notas de campo de Hernán Ronsino ofrecen preocupaciones distintas o un continuo temático que se podría describir como vivencia-experiencia-memoria-literatura. Sus tres partes se titulan ‘Huellas’, ‘Lecturas’ y ‘Tensiones’, pero no están tan diferenciadas como pretende el autor: en cada momento Ronsino explora cómo los acontecimientos o vivencias de una vida conforman una experiencia que luego es interpretada por el filtro de la memoria para convertirla en literatura.

En la primera sección, nos da un vistazo de su origen como escritor: una serie de relatos simpáticos, en un estilo oral suave pero distintivo, cuenta de sus primeros pasos literarios y otras aventuras como hombre joven, primero en su pueblo natal de Chivilcoy y después en Buenos Aires y en otras partes del mundo. El primer ensayo, ‘En el reborde de todas las cosas’, describe el descubrimiento temprano de un gran ejemplar de Martín Fierro, y de El hombre mediocre (bastante decisivo para alguien destinado a ser sociólogo) y La metamorfosis (igual de importante para alguien destinado a ser escritor), y comparte una revelación un poco inquietante: ¿es posible que un niño de Chivilcoy haya pasado toda su educación primaria y secundaria, y hasta empezado la universidad, sin haber oído nombrar a Cortázar?

El segundo ensayo, ‘La casa y el violín’, quizás el mejor del libro, relaciona sus frustradas ilusiones musicales (no había profesor de violín en Chivilcoy) con su incapacidad para escribir poesía. Los siguientes relatan una aventura adolescente con un amigo en la cordillera, y después, ya un escritor conocido, sus vivencias en distintos hoteles del mundo, viajando a conferencias y ferias literarias. Termina con el casi obligatorio lamento de cualquier residente de la provincia de Buenos Aires acerca del impacto terrible de la desaparición de los ferrocarriles y, por ende, de la industria local.

La próxima sección ofrece lecturas perspicaces de varios escritores: Walter Scott, Proust, Beckett, Martínez Estrada, Enrique Wernicke, Haroldo Conti, Saer, Alfredo Gómez Morel y Piglia. La selección es llamativa, como también lo son sus referencias repetidas a Hemingway, Georg Simmel y Blanchot. Seguimos en el continuo vivencia-experiencia (Hemingway, Scott, Conti, Gómez Morel), memoria (Proust, Wernicke, Saer) y literatura (todos por supuesto, pero muy especialmente Piglia) pero también hay una cierta ansiedad que se puede resumir en una cita de uno de los ensayos de la primera parte: “El viaje existe en la medida en que se rompe algo”.

Ronsino dice en su discusión de Beckett que el irlandés tuvo que renacer, romper con su memoria, para empezar con su escritura. Leyendo estos textos, es posible que Ronsino no sepa si le viene mejor aceptar la idea o rechazarla: es un escritor que ha construido un imaginario muy fértil centrado en su pueblo natal (vivencia-experiencia-memoria) pero que ahora vive y viaja como un escritor: bastante alejado de la experiencia pura ejemplificada por Hemingway y Conti. Es una de las dicotomías que aparecen tan frecuentemente en la literatura argentina y un buen contexto para el último ensayo, que trata sobre otra amenaza para la experiencia-memoria, Internet, en el que llega a una conclusión que sospechábamos: una defensa de la escritura, citando a Gombrowicz, como “lo humano en busca de lo humano”.

Notas de campo, Hernán Ronsino. Excursiones, 90 págs.

Fuente: Revista Ñ.

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Esta entrada fue publicada el 21/04/2017 por en Prensa.
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