Editorial Excursiones

“Las notas de Alfonsina reflexionan sobre el estatuto de lo femenino” por Ivana Romero / Diario Tiempo Argentino / 26-06-2014

Tiempo argentino

 

La antología reúne artículos publicados en La Nota y La Nación entre 1919 y 1921. La edición, que retoma y amplía el contenido de otra de 1998, estuvo a cargo de Nurit Kasztelan y Sol Echevarría. Una Alfonsina casi desconocida.

Entonces el Emir me propone: ¿Por qué no toma usted a su cargo en La Nota la sección ‘Feminidades’? He dirigido al Emir la más rabiosa mirada que poseo (tengo muchas). También de un golpe he recordado: ‘Charlas femeninas’, ‘Conversación entre ellas’, ‘Femeninas’, ‘La señora Misterio’… todas esas secciones se ofrecen a la amiga recomendada, que no se sabe dónde ubicar.” 

Esto escribe Alfonsina Storni en un artículo publicado en la revista La Nota el 28 de marzo de 1919. Finalmente ella aceptó la propuesta de Emir Emín Arslan –director de publicación– de escribir artículos periodísticos, tal como haría también en el diario La Nación. 

Claro que lo hizo a su modo. Es decir, alejada de prejuicios y mandatos que escondían el mundo femenino bajo faldas almidonadas y hogares modélicos, tal como insistían las secciones destinadas a mujeres en las publicaciones de entonces (una revisión de lo que se escribe hoy dejaría en claro que, en el fondo, las cosas no son tan distintas). Alfonsina escribe sobre mujeres, sí. Pero le quita al espacio doméstico su aura sagrada. También pone el ojo en las calles y traza aguafuertes sobre trabajadoras como maestras, manicuras o telefonistas. Las masculinidades son cuestionadas en su hegemonía; el matrimonio es considerado un contrato y no una novela rosa; y la legislación vigente es puesta en cuestión porque no contempla la igualdad de oportunidades entre ellos y ellas.
A pesar de su rabiosa actualidad, la obra periodística de esta poeta y escritora es prácticamente desconocida.
En 1998, Mariela Méndez, Graciela Queirolo y Alicia Salamone seleccionaron varios de estos artículos para el libro Nosotras… y la piel, que editó Alfaguara. Ahora, sobre ese trabajo las investigadoras dieron forma a un nuevo material, con algunas modificaciones (como la inclusión por primera vez de textos inéditos).

El resultado es Un libro quemado. Se trata de una antología que incluye textos publicados en La Nota y La Nación entre 1919 y 1921 con edición al cuidado de Excursiones (editorial que coordinan Nurit Kasztelan y Sol Echevarría). 

El libro –que incluye dibujos de Pablo Lozano– se presenta hoy a las 20.30 en Espacio Enjambre (Francisco Acuña de Figueroa 1656), con la participación de Alicia Genovese y Fernando Noy.
“Nos parece que la figura de Storni fue trabajada desde muchas facetas pero sus escritos periodísticos son poco conocidos. Traer a Alfonsina al presente es imprescindible para pensar el rol de la mujer a lo largo de la historia, ya que sus columnas reflexionan sobre el estatuto de lo femenino y dan cuenta de una mirada particular que sigue teniendo vigencia”, explican Kasztelan y Echevarría en diálogo con Tiempo Argentino. Esta afirmación no es casual ya que la editorial se viene ocupando de rescatar obra de otros autores contemporáneos de discurso disidente. Es el caso, por ejemplo, de Prosa plebeya, que reúne los ensayos de Néstor Perlongher. 

Los artículos que componen Un libro quemado se agrupan en torno a seis ejes temáticos. Uno de ellos es “Modelando feminismos”. Se trata de artículos que abordan la agenda de este movimiento que, para 1919, ya había formulado contundentes demandas civiles y políticas como la eliminación de las “incapacidades relativas” derivadas de un artículo del Código Civil que colocaba a las hijas bajo el mando de sus padres y a las esposas bajo el de sus maridos. 

Otro de los ejes es “Urbanas y modernas”. “En estos artículos, Storni muestra ciertos estereotipos de mujeres domésticas que deambulan por la ciudad, entre las que encontramos a las consumidoras de las grandes tiendas, a las uniformadas bajo las directivas de la moda o a las recién llegadas a la metrópoli”, explican las compiladoras en el prólogo del libro.  

En la sección “Lectoras y escritoras”, se eligieron artículos donde Alfonsina complejiza la relación entre mujeres y escritura literaria. Finalmente, en “Las lectoras”, la poeta dirige su mirada a las chicas que frecuentaban las librerías de la ciudad. 

También se incluyen las secciones “Mujeres que trabajan”, “Masculinidades” y “Rituales e instituciones” con unas crónicas irónicas y acertadas sobre los noviazgos, las infidelidades y hasta los pesados ritos mortuorios de comienzos del siglo pasado.

Estos textos se adelantaron al material que Roberto Arlt publicaría desde finales del ’30 en el diario El Mundo y comparten con él una pluma mordaz y una mirada personal, lúcida, sobre la transformación de las grandes ciudades. 

También es posible ligar sus artículos periodísticos a ciertas crónicas que otra poeta, Olga Orozco, publicaría entre los ’60 y los ’70 en la revista Claudia. De hecho, en ciertos momentos las dos eligen publicar sus textos con seudónimos, quizás para redoblar la audacia de sus plumas sin peligro de ser censuradas.

Algunos datos biográficos ayudan a entender de qué modo Storni fue moldeando su mirada. Y es que si bien era una lectora obsesiva de una larga constelación que incluye de Rubén Darío a Paul Verlaine, no es menos cierto que el mundo se desplegaba ante ella como un lugar complejo y a veces, acechante. 

Vivió entre 1892 y 1938 en distintos lugares del país. Mientras comenzaba a destacarse por su obra poética, trabajó como actriz, obrera y maestra. De manera paralela, crió un hijo sola. No se presentaba a sí misma públicamente como periodista y sus contemporáneos nunca dieron cuenta de esa faceta. En ese sentido, Kasztelan y Echevarría apuntan: “Si bien desde la academia se corrió de su figura de poeta romántica y suicida, públicamente continúa vigente la imagen de ‘Alfonsina y el mar’. A nosotras nos interesaba resaltar su pensamiento e ironía; y sobre todo su modo de intervención en la cultura.” «

candidata a diputada

Si os hubieran dicho hace dos meses, que en las próximas elecciones una mujer sería votada, hubierais reído, porque no hubierais sospechado jamás que, de pronto, así como un hongo brotado después de la lluvia, la doctora Lanteri hubiera puesto a prueba la galantería masculina.
La doctora Lanteri, persona de mi amistad y respeto, es una mujer que ha dado pruebas de una gran originalidad. Siendo médica, y teniendo su consultorio siempre atestado de clientes, resolvió un buen día cerrarlo e irse a vivir de lo que le producía un criadero de gallinas que ella atendía personalmente.

Yo soy una curiosa nacida. 

Así, pues, cuando vi anunciada su candidatura, resolví investigar caso por caso la opinión personal de la mayoría de los hombres que conozco.

Amigos tengo a quienes su rasgo pareció digno de todo encomio, otros lo hallaron grotesco y ridículo.

Sin embargo, entre mis amigos personales, yo no cuento con un buen muchacho de veinte a treinta años, de cintura de avispa y brillosa cabellera, de pocas letras y gentiles modos, primera figura de saraos, dulce acariciador de manos blancas al compás de un bailable.
Anduve, pues, a la pesca del hombrecillo perfumado, ardida en amor cívico, deseosa de penetrar a través de opiniones distintas el pensamiento del país, hasta que tropecé con él.
Conocerlo e irme directamente a satisfacer mi curiosidad fue uno. “¿Qué opina usted de la doctora Lanteri?” “Que es fea”, me contestó. Me hizo tanta gracia que estoy riendo todavía. (La Nota, l 28 /3/1919 )

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Esta entrada fue publicada el 08/07/2014 por en Prensa.
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